viernes, 2 de junio de 2017

Con los ojos que nos presta la L i t e r a t u r a 📖📚

"¡Sean bienvenidos todos al show de la linda fe sonriente!"  Porque no termina de ser, la educación, el acto propiamente dicho, nuestra tarea sustantiva, ¿un acto de fe? De valor, de iniciativa, de ceder y tomar: la palabra, el entusiasmo, algo más... Bienvenidos, aunque me corrijo, bienvenidas,a mi rincón, donde opto por la tinta que, como calamar, decanta en este blog propuesto para la cátedra del trayecto de prácticas: taller de docencia IV.  

Primerísima primera entrada

Para esta entrada se propuso la lectura de un escrito de Javier Echeverría y que de esta lectura se elaboren reflexiones, preguntas, incertidumbres y certezas sobre lo que supondrá enseñar lengua y literatura en tiempo de ciber-cultura o E3
Lo que se ha propuesto denominar como tercer entorno Javier Echeverría, es aquello que modifica, a partir de las TIC la estructura del espacio-tiempo en el que nos interrelacionamos los seres humanos. Entendiendo a las TIC como las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones era de esperar que terminen por entrar al aula, a ese correlato de la sociedad actual que terminan por ser las “jaulas” donde convivimos. Las TIC posibilitan la construcción del nuevo espacio social, pero depende ante todo de la voluntad de los seres humanos.
El tercer entorno no sólo es internet, es el teléfono celular, la radiotelevisión, el dinero electrónico, la tecnología multimedia los videojuegos la tecnología de realidad virtual. E3 es un nuevo espacio social en fase de emergencia, construcción y expansión, tanto material como social y mental. La globalización electrónica no implica un cambio tecnológico, sino también una transformación social, cultural y mental.
Llegado un momento, Echeverría propone además, que el tercer entorno modifica profundamente las actividades sociales y humanas. De esta afirmación, nos comparte ejemplos como la guerra (infoguerra-ciberguerra), la banca (telebancos), la ciencia (teleciencias), el consumo (teleconsumo, hipermercados virtuales), la delicuencia (hakers) el arte (ciberarte, música electrónica), la información (periodismo electrónico), la comunicación (telecomunicaciones) la escritura (libro electrónico), la lectura (multimedia), la enseñanza (campus virtuales, telescuelas) y muchos más.
Me quiero detener aquí en los últimos tres ejemplos: escritura, lectura y enseñanza. Si, las TIC funcionan transversales a todas las formas de realización de los seres humanos aquí y ahora. Si, puede uno acostumbrarse a la escritura en otros formatos, la posibilidad de escribir en diversos soportes, puede el blog colaborar con la escritura que entreteje lo real y el propio entramado de palabras. Puede funcionar esta nueva (para algunas de nosotras) facilitar la apropiación de conocimientos, experiencias, historias y fantasías. 
Sí, pueden las TICS haber encontrado su desarrollo para la lectura en los libros digitales, pueden existir los e-books con tecnología que permiten acercarse a los libros, parecerse a ellos incluso en la forma de "pasar de hoja" o la tecnología que simula la pantalla con la calidad de una hoja de papel, pero nada puede equiparar la esencia del libro. 
¿Debe la enseñanza adaptarse al tercer entorno? Lejos estoy de creer tener la respuesta correcta. Bien plantea Echeverría que es un cambio que pisa fuerte en todos lo ambientes. Lejos, también, de ser una romántica que añora la "vieja escuela" como idealizándola. "Nunca voy a decir, que todo tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor" reza Luis Alberto. Y más que nunca, lo que pasa y transformo, lo que decido y selecciono, el hoy y el mañana que vamos a tener presentes en el aula al momento de enseñar. Creo, por sobre todas las cosas, que es necesario conocer sujeto de aprendizaje que tenemos en frente; los "pulgarcitos" y su nueva forma de ser en un mundo que los ve buscando significar. 
Lo que más necesita ser "re-significado" en tiempos de un tercer entorno es la posibilidad de tener un docente entre nosotros, un "promotor de cultura". De aquel al que no reemplaza un video o la lectura de un apunte. Y así anidan en quien escribe las incertidumbres ¿podrá mi presencia en el aula pisar más fuerte que un tutorial? ¿podrán mi señas significar para mis futuros alumnos? ¿podré reflejar un mínimo de lo que la docencia significa para mí? 
Por último, me remito al título de la entrada con los ojos que nos presta la literatura...
La lectura está hecha de fragmentos y algunos de ellos funcionan como haces de luz sobre una parte de nosotros, oscura hasta ese momento. Haces de luz que van a desencadenar todo un trabajo psíquico, a veces mucho después de haber leído aquellos fragmentos. La lectura nos abre hacia otro lugar, donde nos decimos, donde elaboramos nuestra historia apoyándonos en fragmentos de relatos, en imágenes, en frases escritas por otros. Es algo que puede producirse a lo largo de toda la vida, pero que es muy sensible en la adolescencia. Las lecturas, todo tipo de lecturas, ayudan a considerar la realidad con otros ojos. La calidad de nuestra fantasía, de lo que nos contamos, no depende solo de nuestra inventiva, necesita nuevos impulsos, saberes, imágenes, relatos. Los lectores son activos, desarrollan toda una actividad psíquica, se apropian de lo que leen, interpretan el texto y deslizan entre las líneas su deseo, sus fantasías, sus angustias.
     Las palabras citadas corresponden a una autora que admiro por excelencia, Michelle Petit. La lectura abre infinitas puertas, nos dan la posibilidad de nombrar aquello que creíamos desconocido. Los ojos que nos presta la literatura son infinitas puestas para nombrar y reconocer nuestro mundo: y luego, hacer foco en nuestro mundo particular: la enseñanza de la Lengua y la Literatura. No solo en el momento en el que la lectura ocurre podemos significar las cosas que nos pasan, también cuando se necesita dar significado a una nueva experiencia. Con los ojos que nos presta la literatura, la posibilidad de conocer más mundos que el que habitamos. Los deseos, el imaginario, las fantasías, lo real, la infinidad.